HUMANAMENTE | Nayeli Cabrera Alcaide
Sintaxis Digital
Puebla, Pue. | 01 de octubre de 2026
Conversaciones que conectan con lo esencial
“Las mujeres no queremos privilegios. Queremos respeto y sentirnos seguras.”

En Puebla, 71% de las mujeres de 15 años o más ha experimentado alguna situación de violencia a lo largo de su vida. La proporción aumenta a 73% entre las mujeres de 35 a 44 años, mientras que entre quienes cuentan con educación superior alcanza 82%. En el caso de mujeres separadas, viudas o divorciadas, el porcentaje señalado es de 77%.
Fuente: Plan de Acciones AVGM, Gobierno del Estado de Puebla.
Detrás de estas cifras existen historias concretas. Mujeres que llegan a una institución buscando una respuesta y que, muchas veces, necesitan primero algo más elemental: ser escuchadas.
En este contexto, hablar con Nayeli Cabrera Alcaide es acercarse a una mujer cuya trayectoria está atravesada por el servicio público, la participación ciudadana y una experiencia personal que también la ha llevado a conocer de cerca las historias de mujeres y familias migrantes. Originaria de la Mixteca Poblana, madre de tres hijos y con experiencia como migrante, reconoce que haber vivido y conocido de cerca las circunstancias de quienes tuvieron que salir de su lugar de origen transformó su manera de entender las necesidades de las comunidades.
Para Nayeli, la participación ciudadana no consiste solamente en intervenir en asuntos públicos, sino en escuchar directamente a las personas para conocer qué necesitan y desde dónde puede construirse una respuesta. Esa posibilidad de estar cerca de la comunidad, explica, permite orientar mejor el trabajo institucional y evitar que las decisiones se tomen únicamente desde un escritorio.
Su experiencia actual también ha modificado su manera de mirar la violencia contra las mujeres. Reconoce que no todas las personas pueden percibir una problemática desde la misma realidad y que, muchas veces, la violencia permanece invisible para quienes nunca han tenido que enfrentarla. Por eso considera indispensable desarrollar sensibilidad para comprender aquello que una mujer está viviendo, incluso cuando su historia no se parece a la propia.
Para ella, cuando una mujer llega a una institución buscando ayuda, la primera respuesta debe ser humana. Antes de un formato o un procedimiento, está la persona. Ofrecerle agua, preguntarle si está bien, si comió o si necesita sentarse puede parecer algo sencillo, pero representa una diferencia fundamental cuando alguien llega en una situación de miedo, angustia o vulnerabilidad.
Esa perspectiva también está presente en la Ruta AMUVI, que Nayeli entiende como un instrumento para canalizar las necesidades de las mujeres y no simplemente como un documento. En situaciones de riesgo, sostiene, el tiempo adquiere otra dimensión: minutos e incluso segundos pueden ser determinantes para acceder a atención, protección, justicia o servicios de salud. Por ello, la coordinación entre instituciones y entre los distintos niveles de gobierno resulta fundamental para ofrecer una respuesta integral.
En su experiencia dentro del servicio público, Nayeli también reconoce el respaldo que ha encontrado en quienes encabezan las instituciones. Durante la conversación menciona particularmente al secretario de Gobernación de Puebla, José Samuel Aguilar Pala, a quien describe desde una perspectiva personal como un hombre humano y cercano. Para ella, contar con ese respaldo permite asumir el trabajo con la convicción de que no existen límites cuando el objetivo es ayudar. Aguilar Pala ocupa actualmente la titularidad de la Secretaría de Gobernación estatal.
Pero convertir una necesidad social en una respuesta institucional no siempre es sencillo. Nayeli identifica a la burocracia y, especialmente, a la falta de sensibilidad como algunos de los principales obstáculos. El reto, plantea, está en lograr que el conocimiento, las leyes y los procedimientos puedan traducirse en respuestas concretas para las personas y atender las circunstancias reales de Puebla.
También considera que las nuevas generaciones necesitan referentes de servicio público. Las mujeres que estuvieron antes abrieron caminos que hoy permiten a otras participar, decidir y ocupar espacios. Para ella, esa posibilidad implica una responsabilidad: no solamente aprovechar lo que otras mujeres construyeron, sino contribuir a que quienes vienen detrás encuentren mejores condiciones.
Y en esa transformación también coloca a los hombres. Nayeli sostiene que la prevención de la violencia no puede plantearse como una responsabilidad exclusiva de las mujeres. Hombres y mujeres participan en la formación de las nuevas generaciones y necesitan aprender a reconocer y expresar sus emociones. Desde su perspectiva, los hombres también muestran fortaleza cuando apoyan a las mujeres y participan activamente en la construcción de relaciones libres de violencia.
Su mensaje es directo: las mujeres no buscan privilegios. Buscan respeto, seguridad y la posibilidad de vivir en condiciones de igualdad. Y alcanzar ese objetivo requiere modificar estructuras, pero también transformar comportamientos cotidianos.

En esta tarea, Nayeli no trabaja sola. A su lado existe un equipo que participa en la atención, orientación, canalización y seguimiento de las mujeres que llegan a las instituciones. Ese trabajo cotidiano exige coordinación y sensibilidad, pero también la capacidad de responder ante situaciones que no siempre pueden esperar.
Al final, su planteamiento vuelve a una idea esencial: la responsabilidad de construir una vida libre de violencia corresponde a todas y todos. Las leyes, las instituciones y las políticas públicas son herramientas indispensables, pero adquieren sentido cuando quienes las aplican son capaces de mirar primero a la persona que tienen enfrente.
Nayeli Cabrera Alcaide habla desde esa perspectiva: la del servicio público entendido no solamente como una función, sino como una responsabilidad frente a las personas y frente a las historias que llegan todos los días a las instituciones.
HUMANAMENTE
Nayeli Cabrera Alcaide
Una conversación sobre participación ciudadana, atención a las mujeres, servicio público y la responsabilidad colectiva de construir espacios libres de violencia.
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