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Mujeres tejedoras: oficio, identidad y tradición

Foto del escritor: Sintaxis Digital
Sintaxis Digital
17 jun
3 min de lectura

Sintaxis Digital

Puebla, Pue. | 17 de junio de 2026


El tejido artesanal como oficio, identidad y memoria en Puebla



En distintas comunidades de Puebla, el trabajo textil continúa formando parte de la vida de las mujeres. El hilo, el telar y las técnicas de tejido se integran a una práctica que combina conocimiento, trabajo manual y una forma particular de representar la identidad de cada comunidad.


El telar de cintura tiene un origen prehispánico y permanece vigente en distintas regiones de la Sierra de Puebla. Nahuas, totonacos, otomíes y tepehuas han desarrollado diferentes técnicas para elaborar prendas e incorporar en ellas colores, formas y diseños propios.

La herramienta parece sencilla. Su manejo, en cambio, requiere precisión.


La tejedora trabaja con la tensión de los hilos, controla la urdimbre y la trama y sigue una secuencia que puede requerir incluso el conteo preciso de los hilos para reproducir determinados diseños. En Cuetzalan, el INAH ha documentado esta práctica entre mujeres nahuas y señala que algunas técnicas, como el tejido de gasa, requieren operaciones matemáticas para mantener correctamente los patrones.


Un oficio que se aprende en familia


La formación de una artesana comienza, en muchos casos, dentro de la propia familia.


Las niñas observan a sus madres, abuelas o familiares mientras preparan los materiales y trabajan el telar. Con el tiempo empiezan a practicar y adquieren los conocimientos necesarios para elaborar sus propias piezas.


En Hueyapan, por ejemplo, las mujeres aprenden desde la infancia actividades como el hilado, teñido, tejido y bordado. El conocimiento se incorpora posteriormente a la producción familiar y forma parte de una tradición textil que incluye lana, tintes naturales, telar de cintura y bordado.


El aprendizaje no se limita a una técnica.


También comprende la selección de materiales, los colores, los diseños, los usos de cada prenda y las formas de reconocer aquello que pertenece a la tradición de una comunidad.

Por eso, cuando una artesana enseña a otra persona a tejer, no está transmitiendo únicamente una habilidad manual. Está compartiendo una parte de su patrimonio cultural.


Los diseños pueden incorporar referencias a la naturaleza, a la vida comunitaria y a la cosmovisión de cada pueblo. El INAH señala que la indumentaria femenina de distintas comunidades de la Sierra Norte de Puebla permite aproximarse a sus formas de pensamiento, códigos culturales, identidad y memoria colectiva.

Esto explica por qué una pieza artesanal no puede valorarse únicamente por su apariencia.

Detrás de sus colores y formas existe una historia.


Trabajo artesanal y economía familiar


Para muchas artesanas, producir textiles representa una fuente de ingresos que puede complementar la economía familiar. La organización colectiva ha permitido, además, que grupos de mujeres desarrollen mecanismos de producción, comercialización y capacitación.

En la Sierra de Puebla existen experiencias de organización que han buscado precisamente ampliar las oportunidades económicas de las artesanas sin desvincularlas de sus prácticas tradicionales.


En Cuetzalan, el colectivo Masehual Siuamej Monsenyolchicauani reúne a mujeres que elaboran artesanías mediante técnicas como el telar de cintura y el bordado, además de participar en procesos de organización y formación.


La historia de las artesanas también muestra que el trabajo textil puede convertirse en una herramienta para fortalecer la autonomía económica de las mujeres y ampliar su participación dentro de sus comunidades.



Lo que permanece entre generaciones


El riesgo para cualquier tradición artesanal no está únicamente en que desaparezca una técnica. También está en que se pierdan los conocimientos que la acompañan:


Quién enseñó a tejer.

Qué materiales se utilizaban.

Cómo se obtenían los colores.

Qué significa determinado diseño.

Cuánto tiempo requiere una pieza.

Qué prendas pertenecen a una comunidad.


Cada una de esas respuestas forma parte del conocimiento acumulado por generaciones.



El valor de lo hecho a mano


En una época marcada por la producción industrial y la fabricación acelerada de prendas, el trabajo de una artesana responde a otra lógica.


Una pieza puede requerir horas o incluso días de trabajo. Su elaboración depende de la habilidad de quien la realiza y de una cadena de conocimientos que no puede sustituirse simplemente con una máquina.


Por eso, reconocer el trabajo de las mujeres artesanas implica mirar más allá del objeto terminado.


Cada tejido representa tiempo.

Representa aprendizaje.

Representa una relación con los materiales y con el territorio.

Y, en muchos casos, representa también una historia familiar.


La tradición textil de Puebla permanece vigente porque existen mujeres que continúan dedicando parte de su vida a estos oficios. Algunas aprendieron de sus madres y abuelas; otras han encontrado en ellos una fuente de ingresos; muchas los han convertido en una forma de preservar elementos de su identidad.


El tejido, entonces, no pertenece únicamente al pasado.

Continúa siendo una actividad presente, sostenida por mujeres que conocen sus técnicas y que mantienen abierta la posibilidad de transmitirlas a quienes vienen detrás.


megf

SINTAXIS Digital

Fotografías: archivo de SINTAXIS Digital.

 
 
 

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