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Mujeres que preservan una tradición

Foto del escritor: Sintaxis Digital
Sintaxis Digital
26 jun
3 min de lectura

Sintaxis Digital

Puebla, Pue. | 26 de junio de 2026


Maíz, trabajo y memoria en la Sierra de Cuetzalan


En las comunidades de la Sierra Nororiental de Puebla, la preparación del maíz forma parte de una cadena de trabajo en la que las mujeres han tenido históricamente un papel central. Seleccionar la mazorca, desgranar, preparar el nixtamal, moler y elaborar tortillas son actividades vinculadas con la alimentación familiar, pero también con la transmisión de conocimientos entre generaciones.


En Cuetzalan, ese trabajo continúa formando parte de la vida cotidiana. Las fotografías de esta serie se detienen en una de sus etapas más sencillas y, al mismo tiempo, menos visibles: mujeres mayores trabajando directamente con el maíz.


No es una escena preparada para representar una tradición. Es una actividad cotidiana que permite observar cómo una práctica alimentaria se mantiene vigente y quiénes han contribuido a conservarla.



El maíz antes de llegar a la mesa


La tortilla ocupa un lugar fundamental en la alimentación mexicana, pero su elaboración comienza mucho antes del comal. El proceso parte del maíz y continúa con distintas etapas de transformación hasta obtener la masa.


La nixtamalización, una técnica de origen mesoamericano, consiste en cocer el maíz con agua y cal para después lavarlo y molerlo. Además de modificar las características del grano, el procedimiento mejora la disponibilidad de algunos de sus nutrientes.


En las comunidades de la región de Cuetzalan, estos conocimientos forman parte de una cultura alimentaria relacionada con la milpa y con productos como el maíz, frijol, chile, calabaza y quelites. La cocina tradicional de la zona reúne preparaciones que reflejan tanto raíces indígenas como aportaciones incorporadas durante el periodo colonial.

La tortilla es solamente una parte de ese universo alimentario.


El trabajo que se aprende en casa


Buena parte del conocimiento relacionado con el maíz se transmite mediante la práctica.


No se aprende únicamente qué hacer, sino cómo hacerlo: reconocer el estado del grano, seleccionar las mazorcas, calcular cantidades, conocer los tiempos de cocción, identificar la textura adecuada de la masa y controlar el calor del comal. Durante generaciones, estos conocimientos han pasado principalmente entre mujeres de una misma familia y comunidad.


El Museo Nacional de Antropología ha documentado el papel de las mujeres de Cuetzalan en la elaboración tradicional de tortillas y la importancia del fogón dentro de la vida doméstica nahua. También existen registros educativos sobre la participación de mujeres nahuas de la región en los mercados locales, donde comercializan productos del campo y adquieren insumos relacionados con la preparación de tortillas.

La cocina, en este contexto, también es un espacio de aprendizaje.


Mujeres mayores y conocimiento acumulado


Las protagonistas de estas fotografías, representan décadas de experiencia acumulada alrededor de actividades que forman parte de la alimentación y de la economía cotidiana de muchas familias rurales.


El trabajo de preparar alimentos puede parecer rutinario precisamente porque ocurre todos los días. Sin embargo, requiere tiempo, esfuerzo y conocimientos específicos. Cuando esas prácticas pasan de una generación a otra, también se transmite una parte de la cultura de la comunidad.


La edad de estas mujeres adquiere así otra dimensión: no solamente habla de una generación, sino de conocimientos que han permanecido vigentes a través de ella.

En años recientes, distintas iniciativas públicas han comenzado a reconocer con mayor claridad el papel de las mujeres rurales en la transformación del maíz nativo.


El programa federal Comaleras para el Bienestar, por ejemplo, busca fortalecer el trabajo de mujeres dedicadas a transformar y comercializar productos derivados del maíz, vinculando esta actividad con la preservación de prácticas alimentarias tradicionales.


Una tradición que continúa


Las fotografías no muestran una tortilla terminada. Muestran el proceso que la antecede.

La mazorca todavía pertenece al campo. Los granos aún deben ser transformados. El comal todavía está por llegar.


Ese momento permite mirar la cultura alimentaria desde una perspectiva diferente: no solamente desde el platillo, sino desde las personas que conocen el proceso necesario para producirlo.


En la Sierra de Cuetzalan, el maíz forma parte de una relación entre territorio, alimentación y vida comunitaria. Las mujeres han desempeñado un papel fundamental en esa relación, particularmente en la preparación de alimentos y en la transmisión de conocimientos.

Reconocer ese trabajo también significa ampliar la manera en que entendemos el patrimonio cultural.


Una tradición no permanece únicamente porque se conserve en un museo o se documente en un libro. También permanece cuando alguien continúa realizándola en su vida cotidiana y enseña a otra persona cómo hacerlo.



Estas fotografías registran precisamente eso: una práctica vigente y a las mujeres que han contribuido a preservarla.

SINTAXIS Digital

Fotografías: SINTAXIS Digital.

 
 
 

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